«Autopistas parcheadas, carreteras reventadas, motos de 1947... ¡Cuba!»

Comandados por Mikel Plazaola, especialista en organizar grandes viajes en moto, y con el apoyo logístico de Ernesto, Manuel, Yare, Vidal y Mario, un puñado de donostiarras y un malagueño rodaron por toda Cuba, de Oriente a Occidente, en tres Yamaha V.Star, dos Virago, una Suzuki Intruder, una Kawasaki 1.600, otra Suzuki 600 y alguna máquina más. Sus nombres: Joaquín Zabalza, Álvaro Batanero, Josetxo Pérez del Palomar, Julio González y Miguel Rojas.
-Las motos ¿eran las vuestras?
-No. Una vez que supimos quiénes íbamos y para cuánto tiempo, una empresa de motocicletas de la total confianza del gobierno cubano solicitó a una filial suya en Canadá el envío de las motos. Con todas las garantías de papeles exigidas por Cuba. La otra manera de viajar por la isla en dos ruedas siendo extranjero es hacer una importación temporal y obtener una matrícula también temporal. Es lo que habían hecho un grupo de motoristas noruegos con los que nos cruzamos en nuestra ruta.
-¿Qué máquinas autóctonas ruedan entre Camagüey y Santiago?
-Viejas Ural rusas de la II Guerra Mundial o de los años 50. Ingenios fascinantes, auténticos 'frankensteins' con depósito de Suzuki, motor boxer de BMW y alternador de corriente de coche. Nos cruzamos con dos miembros de LAMA, Latin American Motorbikes Association, el gran motoclub cubano, y llevaban una Triumph del 52 y una BMW del 47. Funcionaban a la perfección, eso sí. También se veían Harley. Pero de cuando Cuba, en tiempos de Batista, era la sala de fiestas de Estados Unidos.
-Y la gasolina, ¿problemas de abastecimiento?
-Nosotros teníamos que usar una muy especial, la de entre comillas, más alta gama. Sencilla y simplemente porque era la más parecida a las nuestras de 95 o 98 octanos. La normal de allá está muy mal depurada, llena de impurezas. Destrozaría el motor de cualquier moto no acostumbrada a ella. Otro asunto era el precio. Piensa que 250 pesos cubanos son en realidad 10 pesos convertibles...
-Perdonad, ¿un 'convertible'?
-De alguna manera los que mantienen la paridad con el dólar. El gobierno paga en cubano pero casi todo se compra en convertible. Pues bien, la gasolina está en Cuba a uno coma diez pesos convertibles el litro. No te extrañará que los cubanos se apostaran en las gasolineras cuando nos veían repostar para ver si les ofrecíamos un poco de carburante. Un chaval nos sirvió de guía a cambio de un litro de gasolina para su moto de 125cc.
-No le suele gustar al gobierno que el pueblo hable con los turistas. ¿No tuvo problemas?
-No, él precisamente no. Pero sí nos encontramos con algún joven que había pasado tres meses encarcelado por tratar con extranjeros. Nos acompañó a hacer compras, nos consiguió buenos precios, nos solucionó el truco de que no nos cambiasen bien los convertibles y nos dijo algo que era pura verdad: con los sueldos que paga Cuba no se llega ni a mitad de mes. Así que, comentaba, o te conviertes en ladrón y sacas bajo manga puros de la fábrica de tabaco o trapicheas con gasolina o con víveres, o te vuelves mendigo. O jineteas en el malecón.
-Vi una foto vuestra con un hombre que rondaba los cien años.
-Hablamos mucho con muchos cubanos. Todos aman a su país pero todos sienten la necesidad del cambio. Hemos estado con chicas licenciadas en Turismo. Con desactivadores de bombas. Han viajado a otros países y se han dado cuenta de cómo vive la gente que tiene su mismo oficio. Vuelven entre tristes y enloquecidos. Aquel señor mayor, héroe de la Revolución, decía que no era esta Cuba por la que él había luchado. Nos dolió oírle que preferiría haber vivido menos y mejor. Se quejaba de que su calidad de vida había sido terrible.
- Las carreteras, ¿cómo son?
- Se sienten orgullosos de la Autopista de La Habana. Tiene tres carriles, ciertamente, pero están absolutamente parcheados. No hay nada de tráfico y sí muchos coches tirados en los arcenes. ¿Para qué recogerlos si no hay recambios, no hay gasolina? En otras zonas de Cuba, en Pilón, por ejemplo, la carretera que corre junto al mar, entre las grandes paredes escarpadas de los mogotes, está completamente reventada por los huracanes y los tifones. Y no existe dinero ni materiales para arreglarla.
- Nos ha quedado triste la charla. ¿Sentisteis algún toque de alegría?
- La música. La hospitalidad. La capacidad para ilusionarse. De sobrevivir. De reírse del destino mientras espera en las colas. De vivir al día. Contra viento y marea. Un ejemplo: Puede que el bus de línea no llegue nunca pero la gente que tiene que ir a algún lado sale a la carretera. Cualquier vehículo que pase (hasta triciclos con asientos), parará y les llevará.



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